En un viaje llega tarde o temprano el momento de pedir algo a alguien con quien no compartes ninguna lengua. Puede ser una dirección, un plato, una habitación o una simple ayuda. Al principio da un poco de vergüenza, pero es más fácil de lo que parece. Los gestos, las imágenes y una actitud amable comunican mucho más de lo que crees, y la mayoría de las personas te ayudarán con gusto.
Pocas palabras, muchos gestos
Empieza con una sonrisa y un saludo. Es lo primero que se entiende en todas partes. Habla despacio y con frases muy cortas, sin gritar, porque hablar más alto no ayuda a comprender. Elige palabras simples y repite las más importantes. Señala con la mano lo que necesitas: un objeto, un plato de la carta, una calle en el plano. Muchas veces bastarán dos o tres palabras acompañadas de gestos claros.
Ayúdate de imágenes. Un plano de la ciudad, una fotografía de tu alojamiento o una imagen en el teléfono pueden decir más que un discurso. Si hace falta, dibuja en un papel: un edificio, una flecha, una taza. Los dibujos sencillos y las fotos evitan malentendidos. Muchos viajeros llevan una tarjeta con las frases más útiles escritas en el idioma local, y funciona muy bien.
Usa la traducción del teléfono con cabeza. Escribe frases cortas y claras, y deja que la otra persona lea la pantalla, sin apresurarla. Verifica que te ha entendido, repitiendo la idea con otras palabras o con un gesto. Si la conversación se complica, prueba con otra persona: a veces alguien joven o alguien que trabaja con visitantes sabrá algunas palabras de tu idioma o de otro que compartáis.
Sobre todo, ten paciencia y humor. Los malentendidos son inevitables y a menudo divertidos. Ríete con quien te atiende cuando algo salga mal, y dale las gracias por su esfuerzo. Cuando por fin os entendéis, la satisfacción es compartida, y ese momento, pequeño pero verdadero, suele ser uno de los mejores recuerdos de un viaje. Aprender unas pocas palabras ayuda también mucho.